Territorios y memorias versus lógica del mercado
Por Hugo Achugar
Los cambios de este fin de siglo, al decir de Andreas Huyssen, pueden ser entendidas como una transformación de "la relación entre pasado, presente y futuro" (Twilight memories, 7). También es cierto que, al menos en ciertos países de América Latina, dicha relación es y ha sido problemática desde mucho antes; ya por que el futuro sea hoy más incierto que en otras partes del mundo, ya por que existan -al decir de Maren y Marcelo Viñar- "fracturas de memoria" no sólo provocadas por las dictaduras recientes sino por siglos de reiterados traumas históricos. Esa memoria fracturada, ese repensar la reformulación del tiempo y sobre todo la relación entre la sensación de amnesia generalizada del presente y la obsesión con la memoria reformulan nuestra relación con el espacio y sobre todo con el espacio cargado de historia o, para recurrir a Pierre Nora, con los "lugares de memoria".
La relación entre trauma y memoria o entre memoria traumática y elaboración o duelo puede y muchas veces se concreta o termina configurando espacios y temporalidades específicos o para decirlo con palabras de Leenhardt "una cartografía que articula, según un nuevo modelo, tiempo y espacio" (14-15). En el caso de América Latina, hay múltiples espacios cruzados por la relación fracturada entre pasado, presente y futuro.
En algunos casos, el espacio que acusa el impacto temporal es macro y abarca varios países, en otros se trata de un espacio más acotado y se reduce a un edificio o a un barrio de una ciudad. En unos se trata de modificaciones cartográficas, en otro del cambio de la función de la construcción. En las páginas que siguen se considera la transformación de dos espacios: uno, el amplio territorio cubierto por el proceso de integración llamado Mercosur. Otro, el Punta Carretas Shopping Center de Montevideo, una antigua cárcel transformada en un centro comercial.
1. Mercosur o una cartografía poscolonial y supranacional.
Cuando el 26 de marzo de 1991 se firma el Tratado de Asunción que da origen al Mercosur se produce una modificación sustancial en el imaginario espacial de esta parte del mundo. La operación surge de una racionalidad económica, pero quizás precisamente por que dicho Tratado atiende fundamentalmente a lo económico y al mercado no puede prescindir de lo espacial y de la noción de "territorio". Es posible que esto ocurra por que los sujetos firmantes de dicho Tratado son Estados Nacionales anclados en esos espacios que se llaman "territorios nacionales" y de los que no pueden renunciar.
La recurrencia a lo "territorial", a lo "nacional" y a lo "originario" en el texto del Tratado resulta significativa si se piensa en el escenario contemporáneo constituido por el proceso de globalización y de configuración de bloques económicos regionales; escenario que parecería sino volver obsoletas, al menos, cuestionar las nociones de nación y territorio. Las mismas "Consideraciones" de dicho Tratado aluden a la nueva situación internacional y lo presentan como una respuesta a esos mismos acontecimientos. Al mismo tiempo y casi a renglón seguido, se deja constancia de que los Estados firmantes están...
Conscientes de que el presente Tratado debe ser considerado como un nuevo avance en el esfuerzo tendiente al desarrollo en forma progresiva de la integración de América Latina, conforme al objetivo de Tratado de Montevideo de 1980, ...(Todo el Mercosur, 77) Esta consciente voluntad de constituirse como un "avance" en el "esfuerzo" de integración de América Latina que retoma a texto expreso "esfuerzos" anteriores (Tratado de Montevideo) y de hecho, procesos de integración que, como el bolivariano entre otros, vienen desde el siglo XIX demuestra la vigencia de la noción de "territorio" en el imaginario de los firmantes del Tratado de Asunción. En ese sentido, el artículo 7 -incluso en su lenguaje político-económico- resulta elocuente:
Artículo 7: En materia de impuestos, tasas y otros gravámenes internos, los productos originarios del territorio de un Estado Parte gozarán, en los otros Estados Partes, del mismo tratamiento que se aplique al producto nacional. (mis cursivas; Todo el Mercosur, 79)
El "territorio", lo "originario" y el borramiento de fronteras (los impuestos y las tasas son formas de la frontera) reivindicado por el artículo 7 y por el conjunto del Tratado son expresión de la vigencia e la idea de la nación (el "producto nacional") pero también del propio estadio de desarrollo del proyecto implícito en el Tratado de Asunción. Por lo mismo, es posible sostener que el mismo Tratado constituye el acto fundacional (o la redefinición) de un nuevo espacio, de un nuevo territorio y consecuentemente de sus fronteras. La operación performativa -el acto ilocutorio- que realiza el Tratado es doble o tiene un alcance doble: por un lado, reafirma la validez del territorio nacional y por el otro, disuelve o debilita los fundamentos diferenciadores de las naciones involucradas. Esta simultánea afirmación y negación de lo nacional es quizás una de las razones por las que muchos analistas sostienen que el Mercosur es apenas algo más que una "Unión aduanera imperfecta" y no un auténtico proceso de integación regional.
La operación más significativa que el Tratado de Asunción realiza en relación con el espacio y con el territorio, sin embargo, tiene efectos no tanto sobre la cartografía nacional heredada del siglo XIX sino con la cartografía colonial. En este sentido, el Mercosur realiza un acto de descolonización poscolonial que aspira cumplir con el proyecto poscolonial implícito en el programa de algunos líderes independentistas del período de la emancipación de comienzos del siglo XIX.
El Tratado de Asunción desconstruye o reconfigura en 1991 lo realizado por el Tratado de Tordesillas en 1494. A comienzos del siglo XVI, españoles y portugueses comienzan a llegar a las costas de lo que hoy constituye el territorio ocupado por los países del Mercosur. La mayoría de las ciudades -es una hipérbole llamarlas ciudades- que se fundan en esos años de comienzos del siglo XVI surgen como puestos de avanzada, como plazas fuerte, como poblaciones de frontera: de un lado, Europa, del otro, los habitantes originarios de América; de un lado, la civilización, del otro, la barbarie. La frontera que establece la llegada de los europeos es a la vez militar y civilizatoria. Llegan los conquistadores y los religiosos. Unos llegan con las armas que buscan conquistar el territorio supuestamente preñado de piedras y metales preciosos, de especies y árboles curiosas. Los otros, con las armas que buscan conquistar el territorio supuestamente virgen o habitado por seres malignos de las almas de los nativos.
La frontera cultural se establece imperial y colonial a nivel linguístico, a nivel religioso, a nivel de la indumentaria, a nivel de la comida y de todos los rituales propios de la vida cotidiana; la misma relación con la naturaleza es distinta de uno y otro lado de esta frontera que llega con y es impuesta por los europeos. Sin embargo, sobre esta primera frontera cultural y colonial se inscribirá rápidamente otra: una frontera territorial tributaria de la disputa entre dos imperios, de un lado Portugal y del otro España. Firmado entre España y Portugal el siete de junio de 1494, el Tratado de Tordesillas, diseñará una frontera que da cuenta de la pelea por los nuevos territorios y que se impone sobre la naturaleza mediante una línea recta que unirá los dos polos. Una frontera imperial que relega y duplica el conflicto civilizatorio de la frontera cultural al interior de los nuevos territorios dibujados por el Tratado de Tordesillas.
A pesar de la geometría del Papa Alejandro VI y de la definitiva sanción del Tratado de Tordesillas por parte del Papa Julio II en 1506, esta segunda frontera no quedará fija y será cambiante para beneficio de Portugal primero y luego de Brasil. Por otra parte y en cierto sentido, esta segunda frontera será además tan duradera como la primera. Esta frontera inmaterial -racionalmente dibujada sobre un mapa apenas esbozado y sobre territorios prácticamente desconocidos para quien traza la línea- se muestra indiferente a la existencia de las etnias y de las comunidades culturales preexistentes y termina separando las "naciones" de los habitantes originales americanos. La frontera entre el imperio español y el portugués marcará, desde un comienzo, la historia política y cultural de la región; una marca que atravesará los siglos y que llegará hasta el presente.
Hoy, a fines del siglo XX y por primera vez desde el Tratado de Tordesillas, ya terminado el histórico enfrentamiento -primero de los antiguos imperios entre España y Portugal y luego entre Argentina y Brasil-, la región enfrenta el desafío de una integración inédita en casi cinco siglos desde que los europeos llegaran al continente americano. Una integración incipiente pero que retoma -al menos así lo interpretan algunos- el espíritu del proyecto de integración del siglo XIX; una integración que ya se ha abierto hacia Chile y Bolivia y que examina la posibilidad de integrar o de establecer una alianza con los países andinos de América del Sur.
Esta nueva cartografía que se esboza en el Mercosur, sin embargo, tiene otra tensión: la que surge no entre este y oeste como planteaba el Tratado de Tordesillas sino entre Norte y Sur. El Mercosur es, entre otras cosas, un modo de posicionamiento que algunos pasíses del sur tienen para negociar con el norte; tanto con Estados Unidos en el marco de las discusiones de la proyectada ALCA (Alianza de Libre Comercio de las Américas) como con la Comunidad Europea en el marco de los acuerdos comerciales en proceso de negociación. El trasfondo de estas tensiones es económico, pero también cultural. En cierto sentido, el Mercosur -con todas sus debilidades, marcha atrás y estancamientos y conflictos- representa la instalación de un imaginario espacial -es decir, de una cartografía- que da cuenta del nuevo sistema mundial en el que los estados nación heredados del siglo XIX están siendo reformulados o refundados.
O dicho de otro modo dan cuenta de un momento transicional de los antiguos estados nación hacia un sistema uturo todavía informe, pero en el que el territorio parece seguir teniendo una función. La desterritorialización que se asocia a las transformaciones tecnológicas y financieras no implica la desaparición de las coordenadas de ubicación y localización geográfica y suponen una cartografía propia. No sólo no desaparecen dichas coordenadas como puede verse en el sugestivo título de un ensayo de Heloisa Buarque de Holanda, "La academia al sur del cyberspace", sino que como ella misma indica en relación con crecimiento de la presencia de "sites" de América Latina en Internet, "el perfil de los usuarios en estas regiones denota aún un desarrollo desigual en el uso y el acceso a las informaciones virtuales" (7).
Tradicionalmente, los procesos de identificación o de representación de identidad, fueron siempre realizados a partir de los parámetros no de una, sino de varias pertenencias: la pertenencia regional, la nacional, la temporal, la genealógica. En el ambiente de Internet, lo que ocurre es precisamente lo inverso, o sea, la pérdida del valor de las nociones de tiempo y espacio. (Buarque de Holanda, 8-9) Ciertamente se trata de una nueva cartografía, pero una cartografía en la que perduran tanto la memoria de un pasado colonial como las desigualdades económicas y sociales, y las diferencias culturales, lingûísticas y de acceso a la ciudadanía. El cyberespacio, visto desde América Latina, - a pesar de su explosivo crecimiento y de su futuro potencialmente altamente democrático- sigue reproduciendo algunos rasgos fundamentales de la antigua cartografía. En ese sentido, el impacto de la nueva cartografía impuesta por la revolución informática si bien desestabiliza las antiguas referencias localizadoras no lo hace de modo homogéneo.
Es decir, todavía tiene sentido la ubicación geográfica tradicional a la hora de sentarse frente a una computadora. Todavía tiene sentido e indica una diferencia -no sólo geográfica- estar al sur o al norte. Es posible que la actual cartografía que acusa recibo de la transformación cartográfica introducida por la informática sea también de transición. Como ha sido señalado "espacio y tiempo son categorías fundamentales de la experiencia y percepción humana, pero lejos de ser inmutables, están muy sujetas al cambio histórico" (Huyssen). Entre las antiguas cartografías imperiales o nacionales y la futura cartografía globalizada y ciberespacial, el gesto cartográfico que representa el Mercosur quizá tenga una consistencia poco sólida, gaseosa.
Jacques Leenhardt sostenía, a propósito de la primera Bienal del Mercosur realizada en Porto Alegre, que podemos descubrir una especie de vocabulario básico sobre el cual está articulado el discurso de la emergencia de la Bienal: construcción de un espacio, significado político de esta construcción y determinación geográfica de este espacio. (Leenhardt,4). La mirada de Leenhardt llama la atención sobre los aspectos cartográficos implicados en la Bienal ya presentes en la propia argumentación del curador Federico Morais al proponer tres vertientes organizadoras de la muestra: la constructiva, la política y la cartográfica.
Más aun, Leenhardt llega a sostener que la Bienal del Mercosur propone en el espacio del Gasómetro (en referencia tanto al Gasómetro como espacio físico y expositivo de la Bienal de Porto Alegre como al Gasómetro "como una noción contemporánea del espacio, ejemplificada por las cualidades particulares del gas"), "un concepto nuevo en cuanto pensamiento dialéctico: la cartografía" (14) La mirada cartográfica de Leenhardt que ve la articulación de referencias topográficas e imaginarias, es decir articulación de tiempo y espacio en la Bienal no parece surgir de un horizonte ideológico donde lo posnacional aparece como propio de los tiempos hegemónicos de la globalización. Sin embargo, la preocupación cartográfica o, mejor dicho la obsesión cartográfica ya existía antes de que el debate acerca de los fenómenos posnacionales y la desterritorialización hubiera ganado o comenzado a ganar el escenario académico internacional.
En todo caso, la lógica del mercado que parece presidir el proceso de integración regional del Mercosur, si bien parece afectar las cartografías tradicionales, no logra o no supone el borramiento de la memoria de los espacios y de los territorios. Tampoco logra borrar el posicionamiento de quien lee o de quien dibuja los mapas sean estos "reales" o "virtuales".
2. Un mall de presidiarios o de como Piranesi devino un centro comercial
Hace muchos años, cuando estaba mirando las Antigüedades de Roma de Piranesi, Coleridge, que estaba de pie a mi lado, me describió el conjunto de placas de ese artista, llamadas sus "Sueños" (o Invenzioni) y que registraban el escenario de sus visiones durante el delirio de una fiebre. Algunas de ellas ...representaban vastos atrios góticos, en el piso de los cuales se levantaban toda suerte de artefactos y maquinarias ... expresivas del poder que las sostenía, y de la resistencia vencida... sobre (una escalera) estaba el propio Piranesi...
Pero levante sus ojos, y observe un segundo vuelo de escaleras todavía más alto, sobre el que nuevamente se puede apreciar a Piranesi, esta vez de pie al borde mismo del abismo... una vez más .... una fuga de escaleras aun más aérea es percibible... y así una y otra vez, hasta que las interminables escaleras se pierden en la oscuridad superior del atrio. Con el mismo poder de infinito crecimiento y autoreproducción procedió mi arquitectura en mis sueños. (Thomas de Quincey, Las confesiones de un fumador de opio, citado por Macdonald, 10) Los dibujos de las Carceri. Invenzioni han obsedido la imaginación de los literatos y de los arquitectos desde que fueran publicadas en 1744 por Piranesi. La lectura de Thomas de Quincey al igual que la posterior de Aldous Huxley, como sostiene William MacDonald , tiene un caracter altamente subjetivo. La lectura de Thomas de Quincey instala el escenario de Piranesi en la no temporalidad del sueño y del delirio.
El borramiento de la temporalidad, -recuérdese que De Quincey dice estar observando las imágenes en un discurso sobre la antigüedad romana-, y la instalación en el delirio productivo son significativos de una subjetvidad particular. Sin embargo, la operacion que De Quincey realiza no es ajena a la realizada por los arquitectos del Punta Carretas Shopping Center de Montevideo. Es difícil pensar que esos arquitectos no hayan tenido presentes las imágenes de Piranesi, más aun se puede pensar que, dentro de una estetica posmoderna, Piranesi haya sido - voluntariamente o no- citado por los arquitectos.
Los enormes muros con sus excesivas proporciones, el juego de las escaleras mecánicas, la preservación del portal de ingreso al celdario del viejo Penal de Punta Carretas como un volumen sin función práctica para las necesidades comerciales del lugar, la multiplación de perspectivas del atrio principal en atrios secundarios recuerdan una y otra vez a Piranesi así como su contrastante juego de perspectivas y de relaciones entre las figuras humanas y el espacio arquitectónico. Hay diferencias. Los atrios no son góticos. El exceso de luz es otra. Es claro que esas no son las únicas. Hay otras, más significativas. Sin embargo, entre la lectura de Piranesi realizada por los arquitectos y por Thomas de Quincey hay una coincidencia fundamental: la instalación de un escenario intemporal. O mejor, el borramiento de la temporalidad. La mirada de De Quincey borra la temporalidad de las carceles de Piranesi diluyendola en el sueño.
La mirada de los arquitectos es una mirada instalada en el presente, una mirada atravesada por el proyecto arquitectónico que les ha sido encomendado; es decir, una mirada atravesada por la temporalidad del mercado. El encuentro entre la mirada del presente y un espacio atravesado por la memoria produce un escenario cruzado por lógicas diferentes en el que, sin embargo, ninguna desaparece totalmente. Mi primer impacto fue cuando entré a esto que era una cárcel -comenzó recordando Juan Carlos López-; me impresionó porque eran tres niveles con bandejas hacia una plaza central, y me dije: esto es un mall, un mall de presidiarios, y allí había una idea especial que me quedó muy grabada.(...)
'Al principio queríamos conservar muchas más cosas -acotó Estela Porada-, pero las necesidades nos fueron llevando a demoler ciertas partes, y en bien funcional del shopping lo que hicimos fue mantener el espíritu, pero sin que ese mantenerlo a ultranza significara un obstáculo para el buen desenvolvimiento del destino final de la obra'. (El cronista. Arquitectura, miércoles 20 de julio de 1994; citado por Solomianski) La tentación de concluir que el "espíritu" que se intentó mantener en el interés "funcional del shopping" fue el de ser un "mall de presidiarios" es difícil de resistir. Pero las operaciones que realizaron los arquitectos tienen que ver -quizás involuntariamente- con algo más que las acciones de demoler y preservar. Tienen que ver con la construcción de nuevas formas de la normalización de la violencia y de la exclusión social.
Tienen que ver con el olvido y la memoria y sobre todo tienen que ver con el modo en que la sociedad uruguaya procesó por esos mismos años el tema de la violencia política y de las violaciones de los derechos humanos.
2.1. Disfrazar la historia o estrategias para imponer el olvido
No es casual que en los últimos años los lugares que hayan concentrado mayor confrontación en la sociedad uruguaya hayan sido el puerto de Montevideo, el proyecto de construcción de un puente entre Colonia y Buenos Aires, la remodelación del aeropuerto de Carrasco, las instituciones carcelarias donde ocurren y han ocurrido sucesivas insurrecciones y huelgas de hambre y la instalación de cámaras de vigilancia en varios sectores claves de la capital. Tampoco es casual que durante la posdictadura hayan sido temas recurrentes: la revisión de la historia nacional, el problema de los desaparecidos, la reforma del Código Penal, la reformulación del papel del ejército y de la policía, la seguridad en las playas de los balnearios más prestigiosos ni que las empresas con mayor crecimiento en la oferta de trabajo sean las de los servicios de seguridad privada. Todos esos temas, lugares, personas y empresas se relacionan con distintas problemáticas:la función de Uruguay dentro del Mercosur, la transformación de los aparatos de seguridad del Estado y el "lugar" -concreto y simbólico- de la violencia presente e histórica.
El Puerto de Montevideo, la sucesión de playas -en particular Punta del Este- y finalmente el proyectado puente entre Colonia y Buenos Aires aparecen como formas particulares de vivir el peligro, la violencia y especialmente, la amenaza que representa para el país el nuevo orden regional y mundial. En el proyecto de país diseñado en función de ese nuevo orden por el discurso hegemónico modernizador contemporáneo, playa, puerto y puente son espacios en los que se manifiestan los miedos y las esperanzas que produce la frontera. Miedos y esperanzas que recorren la historia del Uruguay dado su carácter de estado tapón o de zona fronteriza entre Argentina y Brasil. La ambivalencia de la frontera, lugar de ingreso benefactor y lugar de invasión depredadora, explica las complicadas y contradictorias regulaciones en relación con el libre transito y el riguroso control de personas, mercaderías y símbolos que tiene atareados a los distintos gobiernos de la posdictadura.
La obsesión por la seguridad y el control de la violencia o de la criminalidad aqueja no solo a los aparatos del Estado sino a varios sectores de la vida privada como se puede comprobar en el registro de los medios de prensa. Pero esa obsesión es parte de un debate mayor que se relaciona con el proyecto de Uruguay como un espacio en el que lograr borrar la violencia del escenario publico es fundamental. El primer paso en ese borramiento del escenario de la violencia, primero de la política y luego de la llamada común, fue el intento por normalizar el legado de la dictadura; es decir, el intento de reordenar la historia y de administrar la memoria publica.
La lucha en torno al legado de la dictadura y el intento de administración de la memoria pública por parte del Estado tuvo un hito fundamental en 1989 cuando la campaña en torno al referedum contra la llamada "Ley de la caducidad punitiva del Estado". Simultáneamente con la lucha por el referendum se procesó el cierre del antiguo Penal de Punta Carretas -penal del que en 1921 se habían fugado un grupo de anarquistas y del que en 1971 se fugaron mas de cien tupamaros- y se comenzó el proyecto de su transformación en el actual Punta Carretas Shopping Center. Obviamente, el debate en torno al referendum de la Ley de Caducidad relegó a un segundo término la discusión sobre el futuro del Penal de Punta Carretas, que solo pareció interesar a los vecinos del barrio, a algunos de los antiguos presos políticos, a los inversores del proyectado Shopping y al gobierno del presidente Sanguinetti. En particular, interesó al Dr. Marchesano, por entonces ministro del Interior a cargo del Penal de Punta Carretas y socio del presidente Julio María Sanguinetti en un estudio jurídico, y que posteriormente formaría parte del grupo inversor que construyó el nuevo Shopping Center.
El debate se organizó, como han señalado tanto Agustín Noriega como Alejandro Solomianski, en torno a dos líneas de argumentación: por un lado, la necesidad de rescatar un predio que luego de servir durante ochenta años como Penal poseía a fines de 1989, un valor inmobiliario varias veces millonario.
Por otro lado, el debate en torno al destino o a la función de la mencionada construcción arquitectónica. Este segundo aspecto, aun cuando estaba relacionado con temas como el patrimonio arquitectónico, la necesidad de espacios educativos y culturales así como de viviendas para los "sin techo" (Ver Noriega y Solomianski); de hecho, se relacionaba con un debate sobre la memoria pública. O mejor sobre "la fractura de la memoria" que la dictadura supuso e impuso en la sociedad uruguaya.
Entre comienzos de 1989 cuando comienza a discutirse el proyecto de transformación del Penal de Punta Carretas y el 14 de julio de 1994 cuando se inaugura el Punta Carretas Shopping Center e produce la instalación y consolidación del actual discurso hegemónico reordenador de la memoria publica en la sociedad uruguaya. Ese discurso representa al país como una comunidad democrática y sin mayores violencias y se articula a un proyecto económico que propone transformar el Uruguay en un país de servicios, especialmente, en el área del turismo, de las comunicaciones y de la banca; especialmente a partir de la transformación que la modificación introducida por el Tratado de Asunción impone en el significado geopolítico del Uruguay en la región.
Ese discurso sostiene que la desigualdad económica de Uruguay es la menor del continente y similar a la de países como Dinamarca o Bélgica. No hay violencia criminal, económica o social como ocurre en la mayoría de los países latinoamericanos incluida la Argentina. Uruguay es un país pequeño pero culto, sin riquezas minerales significativas pero altamente alfabetizado y con una costa que a lo largo de 500 km. despliega todo tipo de pacíficas y seguras playas. Un país escasamente poblado y poco atractivo como mercado pero tranquilo, un país sin conflictos étnicos, completamente digitalizado y con uno de los niveles más bajos sino el más bajo de pobreza en la región. La otrora guerrilla y sus aliados del Frente Amplio están representados en el parlamento y constituyen una oposición democrática aun cuando para algunos todavía -y el calificativo es clave en el debate uruguayo- "nostálgica".
Ese edén que tanto los sucesivos ministros de Turismo y de Economía como las instituciones financieras privadas intentan vender y promover a los paulistas y a los argentinos se sustenta en una argumentación -a veces explícita- que defiende la múltiple excepcionalidad de Uruguay y su condición de refugio frente a la violencia criminal y las oscilaciones económicas de los dos grandes del Mercosur.
Ese discurso, sin embargo, oculta o mejor sería decir prefiere "olvidar", enmascara y disfraza algunos datos que complican y contradicen esa versión edénica. Ese disfraz comenzó con la difusión de la llamada "restauración democrática". El discurso de la restauración democrática planteaba que los años de la dictadura uruguaya eran una anomalía que debía ser olvidada y que no merecía la atención de la ciudadanía.
El discurso de la restauración democrática negaba que la dictadura uruguaya hubiera implicado una fractura fundamental en el autosatisfecho imaginario nacional. Las consecuencias de dicha fractura no terminaron, a pesar de los deseos del discurso restaurador, con la vuelta de la democracia en marzo de 1985 sino que han continuado hasta el día de hoy como lo demuestran tanto el llamado "caso Gelman", las actuales gestiones destinadas a encontrar una solución legal al tema de los desaparecidos y el discurso sobre la "criminalización" de la sociedad uruguaya de que habla Alvaro Ricco.
En el marco del proyecto de un Uruguay moderno que busca su nueva función histórica en el proceso de integración del Mercosur, el discurso hegemónico promueve una versión edénica del país. El Punta Carretas Shopping forma parte de esa edenización del país a la que aspira el discurso modernizador y "pacificador" al presentarse como un espacio "seguro" en que la antigua violencia ha sido erradicada. Sin embargo y a diferencia de los otros centros comerciales deMontevideo y del resto del país, Punta Carretas representa un escenario particularmente elocuente de eliminación de la violencia tanto política como de los delincuentes comunes y su sustitución por la ordenada y legitimada violencia del mercado. Un escenario donde la historia ha sido borrada, demolida o reconstruida de un modo eficiente o al menos favorable a los designios del discurso hegemónico -político, turístico y cultural- y de la lógica del mercado que aspira a representar sus deseos y a imponer sus representaciones al conjunto del país...
2.2. Palimpsestos/arcadas/hoteles
La barroca imaginación de Piranesi no pudo concebir la transformación de sus cárceles en un centro comercial. Todavía no habían sido inventadas esas "mini ciudades con techo de vidrio, con corredores tapizados de mármol extendiéndose a través de edificios cuyos dueños habían unido para sus empresas" y en los que a lo largo de esos corredores "estaban los más elegantes comercios" que describe Walter Benjamin al comienzo de sus Convolutes. Pero tampoco Walter Benjamin pudo imaginar, en pleno triunfo del Panopticon, que las cárceles piranesianas pudieran terminar deviniendo una metáfora anacrónica de los descendientes de sus "Pasajes".
Sin embargo, creo que es posible leer el Shopping de Punta Carretas como una versión actualizada de las imágenes de Piranesi. Como una forma perversa en que la inexorable maquinaria del mercado demuestra su poder de deglución de todo tipo de espacio. Como una forma perversa en el que el control y el disciplinamiento -imaginado por Bentham y analizado por Foucault-, ya no producido por la seguridad del estado sino por la logica del mercado, construyen un espacio regulado en el que el viejo y desordenado mercado de la plaza es ordenado en el anopticon del Shopping Center. Como una forma perversa si no de la prisión contemporánea, de la exclusión y de la violenta imposición del olvido.
Los miles de individuos que, especialmente, los fines de semana suben y bajan por esos involuntarios espacios piranesianos que constituyen el Punta Carretas Shopping con sus interminables escaleras perdiéndose en un simulacro mecánico del infinito son similares a los personajes que desbordan el segundo grabado de las Carceri. Son similares, pues esos miles de ndividuos que transitan por los corredores de los atrios iluminados con una potencia extrema con las manos en los bolsillos, observando los mirajes de una suerte de cornucupia contemporáneaque sin embargo no pueden consumir, son la forma contemporánea de la opresión. Son prisioneros de otra forma. No están encerrados pero están excluidos. Son ciudadanos del Estado pero están privados de la ciudadanía en esta mini ciudad o mini estado que es el Shopping. (Canclini) También están los otros, los que si consumen. A todos el Punta Carretas Shopping les impone una forma del olvido, o mejor una forma del deseo imposible. Una memoria de la ausencia que sustituye otras memorias, la satisfacción de otros deseos.
Las figuras diminutas de los grabados de Piranesi son similares a la de estos individuos. Lo que quizás no encaja con Piranesi, la borradura mayor sin embargo viene por otra dimensión del mercado que el Punta Carretas Shopping ha auspiciado. Me refiero a eventos como el recital de Liza Minelli realizado en uno de los estacionamientos abiertos del Shopping bajo una lluvia torrencial. La borradura de Liza Minelli, como antes la de Placido Domingo y la de José Carreras en el mismo espacio, no es propiciada desde el Estado sino realizada por el mercado. La ironía mayor, sin embargo, es otra. El dormitorio forzado que fuera el Penal de Punta Carretas ha sido sustituido hoy por la ultima ampliación del Shopping con la apertura de un Sheraton Hotel. El mercado global parece haber triunfado. La migración, el tránsito permanente, el flujo de información y de personas que según Appadurai caracteriza a la globalización se representa de un modo elocuente en los hoteles. No necesaria o únicamente en hoteles cinco estrellas como el Sheraton. Pero los hoteles como las fronteras, puertos, playas, puentes, shopping centers son lugares de tránsito o de pasaje y por lo mismo de control y ordenamiento. Una forma del tránsito y del paréntesis, de la pausa.
Quizás hoy el Punta Carretas Shopping, más que un espacio seguro sea una metáfora. Un espacio metafórico donde la memoria ha sido demolida parcialmente, pues a pesar del poder que lo sostiene y de la resistencia vencida, no se ha terminado de borrar y como decía uno de los arquitectos se trate de un "mall de presidiarios". En ese sentido, la cita posmoderna que los rquitectos del Punta Carretas Shopping Center hacen de las Carceri de Piranesi revela el carácter de palimpsesto de este lugar de memoria. Pues si bien este Shopping es un involuntario lugar de memoria en el que se celebra la voz del poder que lo hizo posible, también registra la huella de una resistencia que aun cuando aparezca vencida por la lógica del mercado se constituye como una imposibilidad de que la gangrena del olvido cubra la totalidad del discurso.
3. Final
Tanto el Tratado de Asunción como la refuncionalización del Penal de Punta Carretas operaron sobre territorios cargados de memoria, sobre espacios atravesados por la historia. No son las mismas operaciones o no tienen un mismo signo como resultado. Pero ambos casos muestran como la relación entre espacio y memoria no es inocente y como el empuje del mercado - transnacional en un caso, urbano en el otro- operan sobre una materialidad o un espacio que no logra ser borrado.
Fuente:
Página Web de Cholonautas
Para más información contacte a:
Hugo Achugar
E-mail: hachugar@fcse.uy
Comments
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hola!!
em..esta mui bn esta pagina pero esto no sirve para lo que yo busco!!!!
nesecito las lenguas originarias de america del sur!!
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por favor cambiar email de Hugo Achugar. El email que tiene nunca fue usado. El que sirve es; hugoach@gmail.com
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