Integración, Cohesión Social y Ciudadanía
Resumen
Apartes de la intervención de Rubén Fernández,
Presidente de la Corporación Región (Colombia) , durante el Foro de Alto Nivel Comunicación, Integración y Desarrollo “Construyendo una comunidad andina de ciudadanos y ciudadanas”, celebrado en Medellín (Colombia), en abril de 2006 por invitación de la Comunidad Andina de Naciones.
Textocompleto
Quiero detenerme en una reflexión de carácter general y luego echar mano de una investigación que actualmente está haciendo la Corporación Región junto con la Universidad de Vancouver en Canadá y con la FLACSO en Quito, respecto a uno de los problemas que creemos nosotros está de punta y pone en evidencia las realidades críticas, que hemos venido mencionando, que es la movilidad humana, la migración.
Primero, la noción de ciudadanía. Hay una, lo sabemos. La modernidad misma fue construida sobre una noción muy poderosa, desde el punto de vista filosófico, desde el punto de vista humano y es aquella simple convicción de que los seres humanos somos sujetos de derecho por la simple razón de existir. La modernidad fue construyendo una idea bastante, creo yo generalizada, especialmente en occidente, en ese sentido.
Fíjense ustedes que esta es una herramienta muy poderosa, sin la cual no es posible, culturalmente hablando, el capitalismo mismo. Esta idea de que yo tengo como sujeto autónomo la posibilidad de decidir entre una camisa u otra y no tengo que sencillamente estar pendiente o esperar a que el Estado decida, o la iglesia decida o algún poder externo a mí decida cuál es la camisa que a mí más me conviene. Vean ustedes que un concepto tan elemental, tan simple, como la noción de sujeto de derecho es una noción en la actualidad, puesta en profunda cuestión. Está denegada de manera sistemática por políticas internacionales, por acciones de hecho, por distintas realidades.
Creo que un ejemplo absolutamente complicado, del cual creo la humanidad tendrá que avergonzarse durante mucho tiempo, es lo que tenemos hoy en la prisión de Guantánamo. Ustedes lo saben, sujetos, centenares de personas detenidas por un gobierno, puestas allí, que son consideradas como no sujetos de derecho. No tienen cargos, están puestos por fuera de su realidad, no pueden conectarse con sus familiares, no existen. Un gobierno decidió que había una población que no tenía derechos, un porcentaje de no sujetos de derecho, esto creo que es un caso extremo, que muestra esto de lo que vengo hablando.
Pero hay realidades mucho más cotidianas, que tienen que ver con este mundo contemporáneo en el que vivimos, en donde el asunto no es tan extremo, pero es muy complejo también.
Ustedes saben que los ecuatorianos que van España, los colombianos que van a los Estados Unidos, es decir, toda esta masa de seres humanos que se mueven de un lugar a otro, al cruzar la frontera y ‘coronar’, como se dice en el lenguaje popular en Colombia, que es esta posibilidad de llegar a Los Ángeles, Miami, a Nueva York o a cualquiera de las ciudades norteamericanas. Cuando ‘coronan’, cuando están allá, en ese momento se constituyen en personas, en individuos que tienen una porción muy importante de sus derechos de ciudadanía completamente denegados. Sus derechos civiles y políticos dejan de existir. No hay quién se ocupe de ellos, salvo su red social de amigos y allegados que siempre, por supuesto, para los pobres será un capital fundamental. No tienen quién se ocupe de ellos si se enferman, etc. Puede pagársele salarios que no están dentro de los parámetros contemplados dentro de su país. Es decir, estamos hablando también de no sujetos, de al menos una porción de sus derechos de ciudadanía.
Desde un punto de vista filosófico y político y sobre todo desde un punto de vista democrático, se viene diciendo, y creemos que esa es una reflexión a la que invitamos justamente en un escenario como estos, a que ha llegado el momento de pensar la noción de ciudadanía desligada, no totalmente, pero de una manera muy importante, de la noción de nacionalidad. Entendiendo que la ciudadanía tiene que ver básicamente con un conjunto de derechos y la nacionalidad tiene que ver con un hecho, cada vez más fortuito, cada vez más que puede ser y no ser, que es el hecho de que has nacido en un país y que por supuesto nacer allí te imprime una serie de obligaciones y de deberes y le imprime a ese Estado también una serie de obligaciones para contigo.
Pero hay necesidad de que avancemos en la comprensión de que hay derechos inherentes a la persona, que independiente del lugar que cada uno de nosotros esté ocupando en el planeta en la actualidad, en un planeta donde es posible moverse muy fácilmente de un lugar a otro, tendrán que estar también garantizados, so pena de que esa persona se convierta en una carga grave, tanto para la sociedad de la cual proviene, como aquella en la cual está instalada (...)
La ciudadanía es individuos, personas, que poseen y ejercitan unos derechos y, por lo tanto, por supuesto, tienen una serie de responsabilidades y obligaciones para con su comunidad, para con la ciudad, para con el país donde vive. Ese tipo de cosas creemos que no se pueden dejarse al azar y así como se abren las puertas a los capitales, se abren las puertas a las empresas y a las organizaciones de carácter económico, en algunos casos culturales, en algunos casos políticos, así también estas puertas tenemos que seguir trabajando para que se entienda que la movilidad humana tiene un tratamiento en ese sentido.
Este tipo de cosas, por supuesto, implican nuevas reglas de juego entre los gobiernos, nuevos acuerdos internacionales. En el foro de las culturas de Barcelona del año pasado, se lanzaba la idea de una nueva convención de Naciones Unidas respecto a los derechos de ciudadanía. Pero también pasa en la vida cotidiana y voy a echar mano a la investigación que les comentaba. Nos preocupa, a la Corporación Región, una organización de la sociedad civil, que hace lo que cree que tiene que hacer para aportar más justicia y más democracia, que esta porción de población, que son aquellos que por razones de fuerza, normalmente, tienen que salir de su lugar de origen, estén en la situación más crítica, en términos de provisión de derechos, en términos de disfrute de derechos y en términos de vida buena, como se mencionaba aquí por parte del señor Kliksberg.
Entonces hemos estado haciendo la investigación comparada entre lo que pasa con colombianos, y concreto ‘paisas’, que salen de la ciudad y van a Vancouver. El año pasado los colombianos superamos a los de Afganistán como los primeros reclamadores de asilo político en Vancouver. Somos la población más numerosa, en términos de proveniencia de otro país en Quito y algo similar pasa con la frontera y eso queremos compararlo con lo que pasa, de alguna manera, con la realidad más dramática desde el punto de vista humanitario que tiene este país, que es que más de 2 millones de personas han sido sacadas del campo por presiones de grupos armados ilegales, en algunos casos también por parte del Estado o por políticas gubernamentales, y se convierten en una masa que normalmente va a las ciudades. Hemos querido comparar esa realidad de la movilidad humana en las tres dimensiones que estamos hablando.
Pues bien, fíjense ustedes, pasan cosas bonitas en este sentido. Hay un pueblo ecuatoriano, en la frontera con Colombia, que se llama San Lázaro. Es un pueblo muy pobre. Allí en la actualidad la mayoría de la población son colombianos que fueron expulsados, o bien por las fumigaciones aéreas contra los cultivos de coca o por efecto de confrontaciones armadas entre paramilitares y guerrilleros en un momento y después entre el Estado y la guerrilla. Esta situación generó un desplazamiento masivo de gente que pasó a este pequeño municipio.
El alcalde de esa ciudad decidió, y lo dijo públicamente, que iba a acoger de la mejor manera a esta población colombiana que había llegado allí y en la entrevista que tenía con unas compañeras nuestras que estaban allí haciendo la investigación decía que lo hacía por dos razones: uno, por razones humanitarias, porque esa pobre gente que llega básicamente con lo que tiene puesto encima requiere alguna atención; y dos, porque él no le iba a quedar mal a los colombianos, lo dijo en esos términos. Y los colombianos resulta que son los que mueven la pequeña economía local, son los dueños de restaurantes más importantes, de la tienda y por supuesto no falta una cosa que se llama restaurante El Paisa.
Se traslada digamos una realidad de pobreza, sin duda alguna que existía antes a una nueva situación y ahí hay una actitud interesante de un gobernante. Por supuesto que pasaron algunas otras cosas. La realidad de esa emigración hizo que, por ejemplo, las oficinas de Naciones Unidas, como ACNUR, construyeran una escuela, un pequeño puerto, un centro de salud. Ha habido, por razones de distinto tipo, una cierta atracción de la inversión de algunas entidades y ese pequeño municipio hoy tiene una posibilidad que no tenía antes.
Lo que quiero decir con esto es que hay una dinámica de discusión supranacional, básicamente en el nivel de los gobiernos, incluso básicamente al nivel de las cancillerías y los ministerios de Comercio Exterior, pero si queremos hablar de integración y si queremos hablar de democracia, es necesario que al centro de la agenda esté el asunto de construir una nueva noción y un nuevo ejercicio de la ciudadanía, que implica que entendamos que nuestras poblaciones y en este caso, poblaciones pobres como las que acabo de mencionarles, son también responsabilidad de todos.
Primero, la noción de ciudadanía. Hay una, lo sabemos. La modernidad misma fue construida sobre una noción muy poderosa, desde el punto de vista filosófico, desde el punto de vista humano y es aquella simple convicción de que los seres humanos somos sujetos de derecho por la simple razón de existir. La modernidad fue construyendo una idea bastante, creo yo generalizada, especialmente en occidente, en ese sentido.
Fíjense ustedes que esta es una herramienta muy poderosa, sin la cual no es posible, culturalmente hablando, el capitalismo mismo. Esta idea de que yo tengo como sujeto autónomo la posibilidad de decidir entre una camisa u otra y no tengo que sencillamente estar pendiente o esperar a que el Estado decida, o la iglesia decida o algún poder externo a mí decida cuál es la camisa que a mí más me conviene. Vean ustedes que un concepto tan elemental, tan simple, como la noción de sujeto de derecho es una noción en la actualidad, puesta en profunda cuestión. Está denegada de manera sistemática por políticas internacionales, por acciones de hecho, por distintas realidades.
Creo que un ejemplo absolutamente complicado, del cual creo la humanidad tendrá que avergonzarse durante mucho tiempo, es lo que tenemos hoy en la prisión de Guantánamo. Ustedes lo saben, sujetos, centenares de personas detenidas por un gobierno, puestas allí, que son consideradas como no sujetos de derecho. No tienen cargos, están puestos por fuera de su realidad, no pueden conectarse con sus familiares, no existen. Un gobierno decidió que había una población que no tenía derechos, un porcentaje de no sujetos de derecho, esto creo que es un caso extremo, que muestra esto de lo que vengo hablando.
Pero hay realidades mucho más cotidianas, que tienen que ver con este mundo contemporáneo en el que vivimos, en donde el asunto no es tan extremo, pero es muy complejo también.
Ustedes saben que los ecuatorianos que van España, los colombianos que van a los Estados Unidos, es decir, toda esta masa de seres humanos que se mueven de un lugar a otro, al cruzar la frontera y ‘coronar’, como se dice en el lenguaje popular en Colombia, que es esta posibilidad de llegar a Los Ángeles, Miami, a Nueva York o a cualquiera de las ciudades norteamericanas. Cuando ‘coronan’, cuando están allá, en ese momento se constituyen en personas, en individuos que tienen una porción muy importante de sus derechos de ciudadanía completamente denegados. Sus derechos civiles y políticos dejan de existir. No hay quién se ocupe de ellos, salvo su red social de amigos y allegados que siempre, por supuesto, para los pobres será un capital fundamental. No tienen quién se ocupe de ellos si se enferman, etc. Puede pagársele salarios que no están dentro de los parámetros contemplados dentro de su país. Es decir, estamos hablando también de no sujetos, de al menos una porción de sus derechos de ciudadanía.
Desde un punto de vista filosófico y político y sobre todo desde un punto de vista democrático, se viene diciendo, y creemos que esa es una reflexión a la que invitamos justamente en un escenario como estos, a que ha llegado el momento de pensar la noción de ciudadanía desligada, no totalmente, pero de una manera muy importante, de la noción de nacionalidad. Entendiendo que la ciudadanía tiene que ver básicamente con un conjunto de derechos y la nacionalidad tiene que ver con un hecho, cada vez más fortuito, cada vez más que puede ser y no ser, que es el hecho de que has nacido en un país y que por supuesto nacer allí te imprime una serie de obligaciones y de deberes y le imprime a ese Estado también una serie de obligaciones para contigo.
Pero hay necesidad de que avancemos en la comprensión de que hay derechos inherentes a la persona, que independiente del lugar que cada uno de nosotros esté ocupando en el planeta en la actualidad, en un planeta donde es posible moverse muy fácilmente de un lugar a otro, tendrán que estar también garantizados, so pena de que esa persona se convierta en una carga grave, tanto para la sociedad de la cual proviene, como aquella en la cual está instalada (...)
La ciudadanía es individuos, personas, que poseen y ejercitan unos derechos y, por lo tanto, por supuesto, tienen una serie de responsabilidades y obligaciones para con su comunidad, para con la ciudad, para con el país donde vive. Ese tipo de cosas creemos que no se pueden dejarse al azar y así como se abren las puertas a los capitales, se abren las puertas a las empresas y a las organizaciones de carácter económico, en algunos casos culturales, en algunos casos políticos, así también estas puertas tenemos que seguir trabajando para que se entienda que la movilidad humana tiene un tratamiento en ese sentido.
Este tipo de cosas, por supuesto, implican nuevas reglas de juego entre los gobiernos, nuevos acuerdos internacionales. En el foro de las culturas de Barcelona del año pasado, se lanzaba la idea de una nueva convención de Naciones Unidas respecto a los derechos de ciudadanía. Pero también pasa en la vida cotidiana y voy a echar mano a la investigación que les comentaba. Nos preocupa, a la Corporación Región, una organización de la sociedad civil, que hace lo que cree que tiene que hacer para aportar más justicia y más democracia, que esta porción de población, que son aquellos que por razones de fuerza, normalmente, tienen que salir de su lugar de origen, estén en la situación más crítica, en términos de provisión de derechos, en términos de disfrute de derechos y en términos de vida buena, como se mencionaba aquí por parte del señor Kliksberg.
Entonces hemos estado haciendo la investigación comparada entre lo que pasa con colombianos, y concreto ‘paisas’, que salen de la ciudad y van a Vancouver. El año pasado los colombianos superamos a los de Afganistán como los primeros reclamadores de asilo político en Vancouver. Somos la población más numerosa, en términos de proveniencia de otro país en Quito y algo similar pasa con la frontera y eso queremos compararlo con lo que pasa, de alguna manera, con la realidad más dramática desde el punto de vista humanitario que tiene este país, que es que más de 2 millones de personas han sido sacadas del campo por presiones de grupos armados ilegales, en algunos casos también por parte del Estado o por políticas gubernamentales, y se convierten en una masa que normalmente va a las ciudades. Hemos querido comparar esa realidad de la movilidad humana en las tres dimensiones que estamos hablando.
Pues bien, fíjense ustedes, pasan cosas bonitas en este sentido. Hay un pueblo ecuatoriano, en la frontera con Colombia, que se llama San Lázaro. Es un pueblo muy pobre. Allí en la actualidad la mayoría de la población son colombianos que fueron expulsados, o bien por las fumigaciones aéreas contra los cultivos de coca o por efecto de confrontaciones armadas entre paramilitares y guerrilleros en un momento y después entre el Estado y la guerrilla. Esta situación generó un desplazamiento masivo de gente que pasó a este pequeño municipio.
El alcalde de esa ciudad decidió, y lo dijo públicamente, que iba a acoger de la mejor manera a esta población colombiana que había llegado allí y en la entrevista que tenía con unas compañeras nuestras que estaban allí haciendo la investigación decía que lo hacía por dos razones: uno, por razones humanitarias, porque esa pobre gente que llega básicamente con lo que tiene puesto encima requiere alguna atención; y dos, porque él no le iba a quedar mal a los colombianos, lo dijo en esos términos. Y los colombianos resulta que son los que mueven la pequeña economía local, son los dueños de restaurantes más importantes, de la tienda y por supuesto no falta una cosa que se llama restaurante El Paisa.
Se traslada digamos una realidad de pobreza, sin duda alguna que existía antes a una nueva situación y ahí hay una actitud interesante de un gobernante. Por supuesto que pasaron algunas otras cosas. La realidad de esa emigración hizo que, por ejemplo, las oficinas de Naciones Unidas, como ACNUR, construyeran una escuela, un pequeño puerto, un centro de salud. Ha habido, por razones de distinto tipo, una cierta atracción de la inversión de algunas entidades y ese pequeño municipio hoy tiene una posibilidad que no tenía antes.
Lo que quiero decir con esto es que hay una dinámica de discusión supranacional, básicamente en el nivel de los gobiernos, incluso básicamente al nivel de las cancillerías y los ministerios de Comercio Exterior, pero si queremos hablar de integración y si queremos hablar de democracia, es necesario que al centro de la agenda esté el asunto de construir una nueva noción y un nuevo ejercicio de la ciudadanía, que implica que entendamos que nuestras poblaciones y en este caso, poblaciones pobres como las que acabo de mencionarles, son también responsabilidad de todos.
Fuente
Cobertura de La Iniciativa de Comunicación.
Apartes de la intervención de Rubén Fernández,
Presidente de la Corporación Región (Colombia) , durante el Foro de Alto Nivel Comunicación, Integración y Desarrollo “Construyendo una comunidad andina de ciudadanos y ciudadanas”, celebrado en Medellín (Colombia), en abril de 2006 por invitación de la Comunidad Andina de Naciones.
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