El problema del alcohol en Costa Rica
Resumen
Costa Rica es uno de los muchos países que han establecido programas para reducir las pérdidas por causa del alcohol. Entre estas medidas están los impuestos, las licencias para la venta de bebidas, las restricciones a la publicidad, leyes sobre la edad mínima para beber, y control de los horarios y de la ubicación de los locales que expenden alcohol.
Dichos programas son el resultado de 30 años de intentos para que se considere al alcoholismo como un problema de salud pública y no como una enfermedad individual. El cambio se inició en 1975, con la publicación de Alcohol Control Policies in Public Health Perspective, realizado por la Fundación Finlandesa de Estudios sobre el Alcohol. Desde entonces, han surgido nuevas definiciones sobre el uso y abuso del alcohol, y clasificaciones para los niveles de consumo según el riesgo que representan para la salud.
A partir de historias cotidianas y comunes, el artículo expone por qué las buenas políticas de salud pública deben estar orientadas hacia la prevención de las intoxicaciones y expone que una de las mejores maneras de hacerlo es apuntándole a la disminución del consumo. Pues como afirma Maristela Monteiro, asesora regional de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) en materia de alcohol y abuso de sustancias tóxicas, "lo que se ha comprobado una y otra vez en los países industrializados, y cada vez más en los que están en vías de desarrollo, es que es necesario reducir el consumo total de alcohol de la población".
Además, según Monteiro, "el mayor error que se comete es pensar que el problema del alcohol es el alcoholismo (...). Los homicidios, los accidentes de tránsito, los suicidios, las conductas violentas, la violencia doméstica, el abuso o el maltrato de niños y la negligencia ocurren en ocasiones en que se ha bebido mucho, pero la mayoría de esas personas no son alcohólicas" - señala la experta.
Es entonces cuando el autor indaga en la eficacia de las políticas públicas para enfrentar la problemåtica. La política más eficaz para reducir el consumo es el alza de los impuestos a las bebidas alcohólicas. En todo el mundo, el aumento de precio siempre hace disminuir el consumo. Según un informe de la OMS, Global Status Report: Alcohol Policy, el precio de la cerveza siempre debe ser mayor que el de una gaseosa. Y debido a que los efectos perjudiciales del consumo derivan del contenido etílico, las bebidas con mayor cantidad de alcohol deben pagar más impuestos.
Otras políticas son menos eficaces, pero en combinación con las más eficaces ayudan a minimizar los daños del alcohol. Algunos ejemplos: que en los locales de expendio de bebidas alcohólicas se nieguen a servir a clientes que llegan en estado de embriaguez, entrenar al personal para prevenir y hacer frente a las agresiones, promover eventos "sin alcohol", movilización de la comunidad, y campañas de servicio público en las escuelas, las universidades y a través de los medios audiovisuales, además de la distribución de etiquetas impresas con advertencias.
Las restricciones a la publicidad y a la comercialización de bebidas alcohólicas pueden reducir la exposición de los jóvenes a los mensajes que fomentan el consumo. En América Latina, Costa Rica y Guatemala prohiben que las empresas de productos alcohólicos patrocinen eventos deportivos o para los jóvenes, y en algunos países se prohibe la publicidad de bebidas alcohólicas durante los sábados y los días de fiesta.
Las tendencias en América Latina indican un aumento del problema del alcohol. En Costa Rica, el porcentaje de niños que han probado alcohol entre los 13 y los 15 años aumentó del 16,3% en 1990 al 28,4% en 2000. En la mayoría de los países las mujeres beben más a medida que su nivel de educación es más alto y en muchos países, la presión de la industria ha venido creciendo junto con el despliegue de medidas de salud pública destinadas a reducir las ventas de alcohol. De esta manera, el artículo describe un breve panarama regional, en cuanto al problema del alcohol, en la última década.
Dichos programas son el resultado de 30 años de intentos para que se considere al alcoholismo como un problema de salud pública y no como una enfermedad individual. El cambio se inició en 1975, con la publicación de Alcohol Control Policies in Public Health Perspective, realizado por la Fundación Finlandesa de Estudios sobre el Alcohol. Desde entonces, han surgido nuevas definiciones sobre el uso y abuso del alcohol, y clasificaciones para los niveles de consumo según el riesgo que representan para la salud.
A partir de historias cotidianas y comunes, el artículo expone por qué las buenas políticas de salud pública deben estar orientadas hacia la prevención de las intoxicaciones y expone que una de las mejores maneras de hacerlo es apuntándole a la disminución del consumo. Pues como afirma Maristela Monteiro, asesora regional de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) en materia de alcohol y abuso de sustancias tóxicas, "lo que se ha comprobado una y otra vez en los países industrializados, y cada vez más en los que están en vías de desarrollo, es que es necesario reducir el consumo total de alcohol de la población".
Además, según Monteiro, "el mayor error que se comete es pensar que el problema del alcohol es el alcoholismo (...). Los homicidios, los accidentes de tránsito, los suicidios, las conductas violentas, la violencia doméstica, el abuso o el maltrato de niños y la negligencia ocurren en ocasiones en que se ha bebido mucho, pero la mayoría de esas personas no son alcohólicas" - señala la experta.
Es entonces cuando el autor indaga en la eficacia de las políticas públicas para enfrentar la problemåtica. La política más eficaz para reducir el consumo es el alza de los impuestos a las bebidas alcohólicas. En todo el mundo, el aumento de precio siempre hace disminuir el consumo. Según un informe de la OMS, Global Status Report: Alcohol Policy, el precio de la cerveza siempre debe ser mayor que el de una gaseosa. Y debido a que los efectos perjudiciales del consumo derivan del contenido etílico, las bebidas con mayor cantidad de alcohol deben pagar más impuestos.
Otras políticas son menos eficaces, pero en combinación con las más eficaces ayudan a minimizar los daños del alcohol. Algunos ejemplos: que en los locales de expendio de bebidas alcohólicas se nieguen a servir a clientes que llegan en estado de embriaguez, entrenar al personal para prevenir y hacer frente a las agresiones, promover eventos "sin alcohol", movilización de la comunidad, y campañas de servicio público en las escuelas, las universidades y a través de los medios audiovisuales, además de la distribución de etiquetas impresas con advertencias.
Las restricciones a la publicidad y a la comercialización de bebidas alcohólicas pueden reducir la exposición de los jóvenes a los mensajes que fomentan el consumo. En América Latina, Costa Rica y Guatemala prohiben que las empresas de productos alcohólicos patrocinen eventos deportivos o para los jóvenes, y en algunos países se prohibe la publicidad de bebidas alcohólicas durante los sábados y los días de fiesta.
Las tendencias en América Latina indican un aumento del problema del alcohol. En Costa Rica, el porcentaje de niños que han probado alcohol entre los 13 y los 15 años aumentó del 16,3% en 1990 al 28,4% en 2000. En la mayoría de los países las mujeres beben más a medida que su nivel de educación es más alto y en muchos países, la presión de la industria ha venido creciendo junto con el despliegue de medidas de salud pública destinadas a reducir las ventas de alcohol. De esta manera, el artículo describe un breve panarama regional, en cuanto al problema del alcohol, en la última década.
Fuente
Revista Perspectivas de Salud. Volumen 10, Número 1. 2005. En el Sitio web del Centro Regional de Información sobre Desastres (CRID), América Latina y el Caribe..
Costa Rica es uno de los muchos países que han establecido programas para reducir las pérdidas por causa del alcohol. Entre estas medidas están los impuestos, las licencias para la venta de bebidas, las restricciones a la publicidad, leyes sobre la edad mínima para beber, y control de los horarios y de la ubicación de los locales que expenden alcohol.
Dichos programas son el resultado de 30 años de intentos para que se considere al alcoholismo como un problema de salud pública y no como una enfermedad individual. El cambio se inició en 1975, con la publicación de Alcohol Control Policies in Public Health Perspective, realizado por la Fundación Finlandesa de Estudios sobre el Alcohol. Desde entonces, han surgido nuevas definiciones sobre el uso y abuso del alcohol, y clasificaciones para los niveles de consumo según el riesgo que representan para la salud.
A partir de historias cotidianas y comunes, el artículo expone por qué las buenas políticas de salud pública deben estar orientadas hacia la prevención de las intoxicaciones y expone que una de las mejores maneras de hacerlo es apuntándole a la disminución del consumo. Pues como afirma Maristela Monteiro, asesora regional de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) en materia de alcohol y abuso de sustancias tóxicas, "lo que se ha comprobado una y otra vez en los países industrializados, y cada vez más en los que están en vías de desarrollo, es que es necesario reducir el consumo total de alcohol de la población".
Además, según Monteiro, "el mayor error que se comete es pensar que el problema del alcohol es el alcoholismo (...). Los homicidios, los accidentes de tránsito, los suicidios, las conductas violentas, la violencia doméstica, el abuso o el maltrato de niños y la negligencia ocurren en ocasiones en que se ha bebido mucho, pero la mayoría de esas personas no son alcohólicas" - señala la experta.
Es entonces cuando el autor indaga en la eficacia de las políticas públicas para enfrentar la problemåtica. La política más eficaz para reducir el consumo es el alza de los impuestos a las bebidas alcohólicas. En todo el mundo, el aumento de precio siempre hace disminuir el consumo. Según un informe de la OMS, Global Status Report: Alcohol Policy, el precio de la cerveza siempre debe ser mayor que el de una gaseosa. Y debido a que los efectos perjudiciales del consumo derivan del contenido etílico, las bebidas con mayor cantidad de alcohol deben pagar más impuestos.
Otras políticas son menos eficaces, pero en combinación con las más eficaces ayudan a minimizar los daños del alcohol. Algunos ejemplos: que en los locales de expendio de bebidas alcohólicas se nieguen a servir a clientes que llegan en estado de embriaguez, entrenar al personal para prevenir y hacer frente a las agresiones, promover eventos "sin alcohol", movilización de la comunidad, y campañas de servicio público en las escuelas, las universidades y a través de los medios audiovisuales, además de la distribución de etiquetas impresas con advertencias.
Las restricciones a la publicidad y a la comercialización de bebidas alcohólicas pueden reducir la exposición de los jóvenes a los mensajes que fomentan el consumo. En América Latina, Costa Rica y Guatemala prohiben que las empresas de productos alcohólicos patrocinen eventos deportivos o para los jóvenes, y en algunos países se prohibe la publicidad de bebidas alcohólicas durante los sábados y los días de fiesta.
Las tendencias en América Latina indican un aumento del problema del alcohol. En Costa Rica, el porcentaje de niños que han probado alcohol entre los 13 y los 15 años aumentó del 16,3% en 1990 al 28,4% en 2000. En la mayoría de los países las mujeres beben más a medida que su nivel de educación es más alto y en muchos países, la presión de la industria ha venido creciendo junto con el despliegue de medidas de salud pública destinadas a reducir las ventas de alcohol. De esta manera, el artículo describe un breve panarama regional, en cuanto al problema del alcohol, en la última década.
Dichos programas son el resultado de 30 años de intentos para que se considere al alcoholismo como un problema de salud pública y no como una enfermedad individual. El cambio se inició en 1975, con la publicación de Alcohol Control Policies in Public Health Perspective, realizado por la Fundación Finlandesa de Estudios sobre el Alcohol. Desde entonces, han surgido nuevas definiciones sobre el uso y abuso del alcohol, y clasificaciones para los niveles de consumo según el riesgo que representan para la salud.
A partir de historias cotidianas y comunes, el artículo expone por qué las buenas políticas de salud pública deben estar orientadas hacia la prevención de las intoxicaciones y expone que una de las mejores maneras de hacerlo es apuntándole a la disminución del consumo. Pues como afirma Maristela Monteiro, asesora regional de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) en materia de alcohol y abuso de sustancias tóxicas, "lo que se ha comprobado una y otra vez en los países industrializados, y cada vez más en los que están en vías de desarrollo, es que es necesario reducir el consumo total de alcohol de la población".
Además, según Monteiro, "el mayor error que se comete es pensar que el problema del alcohol es el alcoholismo (...). Los homicidios, los accidentes de tránsito, los suicidios, las conductas violentas, la violencia doméstica, el abuso o el maltrato de niños y la negligencia ocurren en ocasiones en que se ha bebido mucho, pero la mayoría de esas personas no son alcohólicas" - señala la experta.
Es entonces cuando el autor indaga en la eficacia de las políticas públicas para enfrentar la problemåtica. La política más eficaz para reducir el consumo es el alza de los impuestos a las bebidas alcohólicas. En todo el mundo, el aumento de precio siempre hace disminuir el consumo. Según un informe de la OMS, Global Status Report: Alcohol Policy, el precio de la cerveza siempre debe ser mayor que el de una gaseosa. Y debido a que los efectos perjudiciales del consumo derivan del contenido etílico, las bebidas con mayor cantidad de alcohol deben pagar más impuestos.
Otras políticas son menos eficaces, pero en combinación con las más eficaces ayudan a minimizar los daños del alcohol. Algunos ejemplos: que en los locales de expendio de bebidas alcohólicas se nieguen a servir a clientes que llegan en estado de embriaguez, entrenar al personal para prevenir y hacer frente a las agresiones, promover eventos "sin alcohol", movilización de la comunidad, y campañas de servicio público en las escuelas, las universidades y a través de los medios audiovisuales, además de la distribución de etiquetas impresas con advertencias.
Las restricciones a la publicidad y a la comercialización de bebidas alcohólicas pueden reducir la exposición de los jóvenes a los mensajes que fomentan el consumo. En América Latina, Costa Rica y Guatemala prohiben que las empresas de productos alcohólicos patrocinen eventos deportivos o para los jóvenes, y en algunos países se prohibe la publicidad de bebidas alcohólicas durante los sábados y los días de fiesta.
Las tendencias en América Latina indican un aumento del problema del alcohol. En Costa Rica, el porcentaje de niños que han probado alcohol entre los 13 y los 15 años aumentó del 16,3% en 1990 al 28,4% en 2000. En la mayoría de los países las mujeres beben más a medida que su nivel de educación es más alto y en muchos países, la presión de la industria ha venido creciendo junto con el despliegue de medidas de salud pública destinadas a reducir las ventas de alcohol. De esta manera, el artículo describe un breve panarama regional, en cuanto al problema del alcohol, en la última década.
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