Bolivia-Perú Nuevos Retos para la Reducción de la Vulnerabilidad
Se solía estimar los impactos de los desastres por el número de víctimas, el deterioro de la salud, la destrucción de viviendas, o la destrucción de la infraestructura y servicios; pero en los últimos años se ha tendido a evaluar otras dimensiones de los daños que corresponden a una visión más integral y adecuada de la sociedad y de los derechos de las personas. Es así como se ha incidido en los impactos de más largo plazo, la pérdida de empleo, el deterioro de las condiciones ambientales, el incremento del costo de vida, el debilitamiento o ruptura de las redes e apoyo, la redistribución de la propiedad, entre otros.
Además algunos economistas advierten sobre la subestimación de los daños en el sector informal y otros sugieren la necesidad de contabilizar como pérdidas los ingresos que habrían podido generar las personas de no haber muerto o sufrido discapacidad por los desastres.
Las nuevas formas de medir los impactos de los desastres no logran aún resolver un aspecto crucial, la necesidad de diferenciar los impactos según las características de las personas, familias y comunidades. Ello significaría la posibilidad de incidir más sobre las personas y familias más vulnerables, pero también el tener en cuenta los “desastres invisibles” como es el caso de las sequías, o las pequeñas emergencias locales.
Estas han tendido a ser ignoradas a) porque las pérdidas económicas no resultan significativas para el país, a pesar de que pueden causar la muerte y pérdida materiales irrecuperables para las familias afectadas. b) porque se asume equivocadamente que dadas las capacidades existentes en nuestros países los afectados por desastres locales en comunidades aisladas se recuperaran con el apoyo nacional. c) porque existen muchos pueblos que no conocen sus derechos y no tienen acceso para informar y ser informados. d) porque se ignora que la acumulación de desastres locales evidencian el incremento extremo de condiciones de riesgo, y que la suma de los daños causados por estos superan muchas veces a los de los grandes desastres.
Todo lo anterior nos debería llevar a una versión renovada del concepto de riesgo: la posibilidad del impacto inmediato o mediato, directo o indirecto de los desastres de diversa dimensión y visibilidad; posibilidad que como bien sabemos, se va generando previamente en el proceso de desarrollo a consecuencia de la interacción entre las amenazas y las condiciones de vulnerabilidad.
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